Estos partidos hay que ganarlos

lunes, 18 de agosto de 2008


Cuando la impotencia parecía que se apoderaba de todo Independiente apareció Darío Gandín para decretar un triunfo tan agónico como inmerecido. Este gol valió tres puntos que se suman y que quizás borren una noche negra de los de Borghi que fueron dominados por un San Martín de Tucumán que empezó a pagar el derecho de piso de la elite futbolera.

El planteo dispuesto por Roldán fue tan acertado como errado el de Borghi. Los tucumanos salieron a disputar la pelota y a defenderse lo más lejos de Gutiérrez posible. No sólo lo lograron sino que marcaron el ritmo en el primer tiempo, donde el Rojo apenas si pisó el área contraria. No hubo circuitos de juego en el local y todo quedó librado a la inventiva de Montenegro.

En cambio, San Martín mostró una intención de juego asociado en base a lo que hizo en la mitad de la cancha, donde entre Cantero, Quinteros y Pérez Castro, maniataron a los irresolutos hombres de Borghi.

La tesitura continuó en la segunda parte, a pesar que la obligación moral del local de imponerse llevó al adelantamiento de Independiente. Pero nunca hubo más de tres pases seguidos entre los hoy vestidos de blanco. Imprecisión o el estado de una cancha impresentable contrastaban con las intenciones de imponer el fútbol.

Borghi apeló a los cambios para corregir la inexplicable presencia de Herrón como volante por derecha y la intrascendencia de Higuaín, pero todo siguió igual. El cero parecía inquebrantable, más después del insólito gol que marró Montenegro. El Rolfi aprovechó un error de Gutiérrez pero con el arco libre la tiró afuera.

Cuando los murmullos amenazaban con mutar en silbidos, hubo un córner, un cabezazo de Gioda, un rebote para Montenegro, un ¿centro? Del Rolfi para Gandín, un gol y un triunfo para el Rojo que tapa 89 minutos de sufrimiento.

Fuente: TyC Sports

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